Rocío se encontraba sola en la habitación, fue en ese momento en que la puerta se abrió con un golpe suave. Como si quien entraba no necesitaba anunciarse previamente o al menos tener la educación de tocar para ver si podía pasar.
Ella alzó la vista, esperando ver a una enfermera, a un doctor o quizás a Mateo que había salido con la pequeña Sofía a dar un paseo. Pero no fue ninguno de los tres.
—¿Se puede pasar? —La voz era grave y muy familiar para Rocío, se trataba de Gianluca.
—¿Usted? —Rocí