La mano de la mamá de Zayd se extendió en mi dirección y la tomé, ella dió pequeñas palmaditas como si fuera su hija.
—Escucha, mi hijo en serio que te ama, pero se encuentra en un momento en el que definitivamente tiene muchos dilemas. Por favor, no lo dejes o llegues a pensar en que no te quiere, porque te juro que no es así.
—No lo voy a dejar, en serio que sí. Como me hubiera gustado pasar más tiempo con usted, pero evidentemente eso es algo imposible.
—No te preocupes, pequeña. Una parte de