La llevé en brazos hasta el vehículo. Ligera, casi sin peso. Apenas se despertaba, parpadeando como si saliera de un sueño largo y confuso.
Nos dirigíamos a la casa segura que Hassan había preparado en las afueras. Los médicos de confianza nos esperaban allí para hacerle un chequeo completo. Pero en el trayecto, no pude evitar mirarla de reojo.
Tenía los ojos de Rocío. Exactamente los mismos. Esa mezcla de fuerza callada y melancolía que conocía demasiado bien.
Su cabello, oscuro y suave, caía