"Mantén la calma", se dijo a sí misma, agarrándose al borde del marco de la puerta y presionando su cuerpo contra la fría pared. Respiró hondo. Tenía una estrategia, pero era arriesgada. No lo suficientemente segura.
Con cada paso, se acercaba, su mente revoloteando con cálculos: tiempos, ángulos y opciones. Por unos segundos, los ojos abiertos y asustados de su hijo se encontraron con los suyos. En ese breve instante, Juniper lo vio todo: la esperanza, la confianza y la silenciosa súplica para