—Has ido demasiado lejos, Celia —la voz de Callum era fría, y cada palabra estaba cargada de años de ira que nunca había sido afrontada—. Sé que hiciste esto.
Celia se sentó frente a él, con aspecto sereno, acariciando el borde de su copa con los dedos. No se movió. Su sonrisa se mantuvo serena, pero había un brillo en sus ojos que decía que sabía lo que estaba pasando.
—Ay, Callum —comentó con una dulce risa, con la voz llena de humor—. Siempre pensaste lo peor de mí.
Tenía los puños apretados