Callum se reclinó en su silla y revisó los informes sobre su escritorio, pero algo no cuadraba. El familiar zumbido de su teléfono lo hacía sentir aún peor. Acababa de regresar de una buena reunión esa mañana, pero a medida que avanzaba la noche, la ansiedad aumentaba.
Marcus, uno de los socios más cercanos de Callum, entró en la oficina cuando se abrió la puerta. Acomodó la vista con incomodidad, evitando mirarlo directamente.
"Marcus", dijo Callum, pero al principio, Marcus pareció no oírlo.