"Esta noche", la voz de Callum era dura e inquebrantable, "los derrotaremos. Atacaremos al amanecer".
Elias, uno de sus consejeros más cercanos, asintió. "Todo está listo. El equipo está listo. Pero, Callum, no podemos subestimarlos. Nos estarán esperando".
"Lo sé", murmuró Callum, apretando la mandíbula. "Pero es ahora o nunca. No podemos esperar mucho más".
El peso del liderazgo caía sobre él, la responsabilidad por cada vida en esta sala, por cada persona que dependía de él. Miró a Juniper,