95. EL HOSPITAL

VICTORIA:

El revuelo fue grande cuando nos vieron aparecer en el hospital donde aún permanecía mi tío ingresado, aunque no en terapia intensiva. Su asistente Javier, en cuanto me vio, corrió a abrazarme con lágrimas en los ojos; mi tío extendió los brazos emocionado. Me dirigí a él y me introduje en ellos, llorando de felicidad al ver que estaba bien.  

—¿No sabes el susto que me diste, Vicky? —
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