37. ENTRE TRUENOS Y VINOS
VICTORIA:
Los relámpagos desgarraban el cielo como garras luminosas, iluminando esporádicamente la sala a través de los ventanales empañados. Las sombras de los muebles cubiertos danzaban macabramente sobre las paredes, transformándose en siluetas amenazantes. Me sobrecogí sobre mí misma y, sin poder impedirlo, salté aterrada cuando un estrepitoso y violento rayo me hizo dar un respingo, derramando algunas gotas de vino sobre mi blusa.
—¡Cielos! —exclamé, abrazándome—. ¡Odio los rayos y truenos