25. CONTINUACIÓN
RICARDO:
Al principio, sus labios se tensaron por la sorpresa; luego se suavizaron bajo los míos. Sentí su aliento suave mientras sus manos, que antes me sujetaban con miedo, ahora se deslizaban por mi pecho con una urgencia que me nubló el juicio. Por un momento, olvidé dónde estábamos y por qué nos escondíamos. Cada ruido exterior la hacía pegarse más a mí, buscando refugio en mi cuerpo. El miedo la hacía temblar, y ese temblor reverberaba en mi propio cuerpo, creando una intimidad que iba más