Rebecca apretaba las sábanas en sus puños como si con eso encontrara un poco de soporte, su espalda se arqueaba por lo delicioso que se sentía eso que le hacía su esposo. Ella misma empezó a masajearse los pechos y pellizcar sus pezones duros para alcanzar más placer, estaba tan cerca. Casi grita cuando Charles dejó de torturarla con su lengua, pero antes de poder reclamar, sintió el glande húmedo y caliente recorrer todas sus partes como si quisiera recoger los jugos que se estaban derramando.