Los días se volvieron grises y se sumergieron en una rutina que ninguno de los tres amigos quería vivir.
El más afectado de todos era Julian, ya completaba varias semanas sin Donna y estaba perdiendo poco a poco la razón. Había bajado considerablemente de peso, el trabajo estaba abandonado por completo y su rostro evidenciaba las ojeras marcadas y oscuras, señal de su lenta agonía.
Todo fue a peor cuando el padre de Donna comenzó a buscar insistentemente a su hija y en medio de su desesperación