MARIANA
Mansour la paseó por toda la casa.
Del brazo, como un trofeo. De grupo en grupo, de invitado en invitado, presentándola con esa voz de patriarca satisfecho que se oía por encima de la música. *Aaliyah Bin Saqr, la hija de mi querido amigo. Aaliyah, permíteme presentarte al ministro. Aaliyah, querida, cuéntales de tus estudios en Londres.*
Y ella, impecable, sonriendo, recibiendo besos en la mejilla, dejándose fotografiar en el jardín de mi casa.
Y yo ahí. De pie junto a una columna, con