Eduardo sigue con aquella inquietud. A su criterio, conoce muy bien a su mujer y no la creía capaz de convertirse en una interesada.
—Cariño, si hay algo que te esté molestando y por esa razón estás tomando esas raras decisiones que no parecen ser tuyas, por favor házmelo saber. —le pidió.
—No te preocupes mi vida, tú sabes que todo lo estamos haciendo por el bien de nuestros hijos. —Le repite su mujer.
—Yo lo sé mi amor, y créeme que por ellos me deshago de todo si es posible, claro que por t