Luna se separó de los brazos del hombre y se acomodó el vestido, al mismo tiempo que se maldice a sí misma por ser tan floja y dejarse caer fácilmente en las tentaciones de ese maldito.
Pero es que ese idiota derrite a cualquiera, con esa mirada seductora y esos labios tan apetecibles que dan ganas de estar todo el día y la noche prendidos de ellos.
La señora Estrella, regresó a la mesa donde se encuentra su hijo y sus nietos a la espera de que les sirvan la comida. Ella va con una sonrisa que