—Llegó la comida, come un poco —dijo Olivia, colocando la bandeja sobre la mesa acoplada a la camilla.
—Todavía me siento débil, incluso tengo los brazos adormecidos —respondió Zayden con total serenidad.
—¿Y bien? ¿Quieres que llame a una enfermera para que te ayude a comer? —inquirió ella.
—¿Para qué llamaría a una enfermera cuando tengo a mi empleada aquí? Tú trabajas para mí, ¿no es así? Así que aliméntame tú; al menos así tu sueldo no parecerá dinero regalado, ya que estarás haciendo tu tr