Un débil gemido escapó de los labios de Sofía, lo suficientemente fuerte para que ambos lo oyeran. Kristen dejó escapar un sollozo de alivio, y Erik la abrazó con fuerza, cerrando los ojos para contener sus emociones.
—Está viva… está viva —repitió Kristen, incapaz de controlar las lágrimas.
—Tenemos que llevarla adentro y llamar al médico inmediatamente —dijo Erik, recobrando la compostura. Se levantó con Sofía en brazos, dirigiéndose hacia la casa con una determinación renovada, mientras Krist