Alan tomó el sobre con manos temblorosas, sintiendo un nudo en el estómago. Al abrirlo y leer el contenido, su corazón se hundió. El resultado era negativo.
—Lo siento, Erik —dijo Alan con voz grave, mirándolo con empatía—. La niña no es tu hija biológica.
Erik apretó los labios y respiró hondo. Durante un momento, permaneció en silencio, tratando de procesar la noticia. Luego, se enderezó, con una determinación en sus ojos que no había tenido antes.
—No importa —dijo, su voz firme—. Me haré car