Los días de luna de miel habían sido inolvidables para Kristen y Erik. Ella había aceptado la tregua que él le propuso, intentando no confundir sus sentimientos con el deseo, pero aquello ya se le estaba volviendo complicado. Erik, por su parte, se sentía cada vez más cómodo a su lado, no solo atraído por su belleza, sino también por la persona especial que era. Al regresar a casa, el personal les dio una cálida bienvenida. Todos estaban felices de verlos, excepto Susan, quien apenas se quedó a