Erik y Kristen bajaron a desayunar, y la mesa estaba hermosamente dispuesta para recibirlos, con un despliegue de detalles que hablaba del esmero del personal. Apenas se sentaron, la amable ama de llaves, una mujer de rostro gentil y gesto servicial, se acercó a ellos y sonrió con calidez.
—Bienvenida, señora Kristen. Soy Margaret, el ama de llaves. A partir de hoy, estaré a sus órdenes. Cualquier cosa que necesite, solo dígamelo y haré lo posible por cumplirlo —dijo Margaret, con una leve incl