Erik conducía en silencio por la carretera, aún con el semblante endurecido por los acontecimientos recientes. Kristen lo observaba, preocupada por el evidente nudo de emociones que su esposo intentaba procesar.
—Mi amor… no podemos darle a Mark el gusto de vernos mal por su culpa —dijo ella con voz suave, rompiendo el silencio.
—Lo sé, pero no puedo evitarlo, Kristen. Ese imbécil se atrevió a querer hacerte daño otra vez, y eso es imperdonable.
—Cariño, hemos pasado por tanto juntos. Es justo