Erik cerró la puerta de la habitación tras ellos y abrazó a Kristen con fuerza. Sentía su cuerpo temblar ligeramente, pero su mera presencia parecía calmarla poco a poco. Él la sostuvo como si fuera su ancla, y ella descansó su cabeza sobre su pecho, dejando escapar un suspiro de alivio.
—Mi amor, lo siento tanto —dijo Erik, con la voz cargada de culpa y rabia contenida—. Juré protegerte, y mira lo que ha sucedido. Ese imbécil se atrevió a intentar propasarse contigo.
Kristen levantó la mirada,