Roxana recién se acaba de quedar dormida, había sido un día muy movido para las dos, uno de esos donde la niña no desea que los juegos terminen. Además de que deseaba que Nerea se quedara a dormir en su cama.
Cuando Nerea entra a su habitación, lo que ve la desborda de inmediato. El suelo, antes visible y ordenado, ahora está cubierto de cajas, todas dispuestas con una precisión que bordea la ostentación. Sin embargo, la sorpresa inicial da paso a una comprensión más sombría cuando reconoce que