Cuando su dedo se hundió en ella y Nerea se retorció, restregándose sobre sus piernas y jadeando sin cesar, pese a que intentaba contenerse, pero el dedo de Vasily no le daba tregua.
Vasily supo lo que su mente ya le decía desde semanas atrás cuando vio la vida tan mojigata que Nerea llevaba antes de ser la niñera de su hija.
Era virgen.
Lo era.
No sabía cómo eso hacía sentir a Vasily, pero la mujer que tenía entre sus manos era virgen.
Llevó su mano libre hasta su rostro, tocando los labios de