-Emilia te traje…
Cuando Adrian entró al cuarto de la azabache con la bandeja del desayuno en sus manos se encontró con que estaba durmiendo plácidamente. Sonrió y entró con sigilo, dejando la bandeja a un costado, para luego tomar la temperatura de su frente con sus propios labios, porque decían que de esa manera era mejor para saber bien la temperatura correcta, y un poco también como excusa para sentir con sus labios esa suave piel.
Aún tenía fiebre, pero lo bueno es que estaba descansando,