Adrian cerró la puerta detrás de sí y Valentina volvió a mirar a su hermana menor.
Con el dolor aún en todas sus extremidades, la pelirroja estiró su brazo hacia la azabache, quedando colgado en medio de las dos camas. Luego tomó con la punta de sus dedos los dedos de la otra joven, que caían colgados al costado de su cama.
No pudo estrecharlos por completo, pero el simple tacto cálido de Emilia la hizo relajarse, sabiendo que estaba bien.
-Emilia…- dijo por lo bajo.
Ella sabía que el nombre de