Luego de la visita nocturna a la azabache, Adrian logró conciliar el sueño automáticamente, durmiendo de corrido hasta que la alarma de un nuevo día laboral sonó.
Se despertó renovado, sintiendo que había dormido una eternidad, como si hubiera estado en un coma de recuperación. La herida en su frente aún seguía allí pero no dolía tanto como ayer, solo le tironeaba cuando movía la frente en alguna expresión, los nudillos aún latían, y eso era bueno, le hacían recordar que a Daniel le había dolid