Adrian abrió los ojos, una oscuridad extraña lo abordó, como un aire denso y pesado que apenas entraba a sus pulmones, pero que lo hacía con mucho dolor, como si una energía aplastante y maligna lo presionara contra el suelo.
-¡Adrian!
Esa voz era inconfundible para él.
-¿Emilia? ¿Dónde estás?- exclamó el joven CEO, mirando hacia todos lados, pero solo veía oscuridad y más oscuridad, sin esquinas, sin principio ni fin, sin suelo, sin techo, como si estuviera flotando en la nada- ¡Emilia!- gritó