-Lo siento yo…
-Está bien- respondió rápidamente la azabache, desviando sus azules de la mirada de esos ojos penetrantes como dos jades, sintiendo el escozor en sus labios que pedían ser llenados nuevamente por los de ese hombre.
-No quería incomodarte- exclamó el castaño tocando su cabeza- Creo que el golpe me volvió más idiota.
Emilia sonrió de lado aún sin mirarlo.
-Sé que debo tomar tu propuesta…- comenzó a decir, susurrando- No puedo volver a mi casa, no luego de que…
Emilia no fue capaz d