Emilia cayó y sintió el fuerte golpe en su pómulo, como si le hubiesen golpeado con un martillo sin piedad su pobre rostro
-¡Ah!-gritó de dolor, cuando cayó contra el suelo, sintiendo que su rostro latía de dolor y su cuerpo se tensaba por la conmoción, aun tirada boca abajo en el frío suelo del living.
-¡Mierda!- gritó Daniel detrás de ella.
Y automáticamente la azabache sintió terror.
Jamás, ni en las peores discusiones con Daniel, había sentido miedo por lo que él pudiera hacerle. Nunca habí