Adrian tomó el cartel de “Se vende” y lo arrancó con fuerza de la reja, tirándolo contra el suelo y pisoteándolo hasta hacerlo pedazos.
No podía desquitarse con Daniel en ese momento, pero necesitaba sacar esa bronca de alguna forma imaginando el rostro de ese monstruo debajo de su pie.
Trepó la reja de la mansión como un animal hambriento y cayó hacia el otro lado, sin demorar un segundo más, corrió con los pulmones ardiendo el largo camino ondulado hasta la entrada de la casa, irrumpiendo de