Emilia no tenía idea de cuántas horas habían pasado sobre el coche, ya había perdido el caso tratar de memorizar el recorrido, hace rato que solo veía campo y más campo, sin ninguna referencia de nada más que llano a los costados y la oscuridad del camino sin faroles.
Emilia se giró hacia Daniel con una mirada llena de odio. El hombre la miró de reojo con sus esferas negras intimidantes al sentir la mirada cargada de ira de la joven en él.
-Me odias, lo sé- respondió con tranquilidad el CEO, pu