★Lulú
—¿Ya no están enojados? —preguntó Amelia, con sus ojos enormes que siempre me abrían el pecho.
—No, mi amor. Ya no —le dije, aunque por dentro sentía un nudo que no sabía dónde acomodar.
Daniel estaba al otro lado del cuarto, mirándonos como si tuviera algo atorado en la garganta. Tenía los ojos rojos de no dormir. O de pensar demasiado. O de todas las cosas que nunca dice.
Yo ya no sabía qué hacer con él. O conmigo.
Pero Amelia volvió a apoyar su cabeza en mi hombro, y por un momento