★Daniel
Ver a Amelia tan triste me estaba matando.
No me gusta ver a Amelia llorando, eso me derrite el corazón. Mi pequeña tormenta tan apagada no es algo sano; ella siempre se enferma de calentura cuando está triste, y no quiero que enferme.
Llamé a Lulú, pero me respondió su mamá.
Ella es la única que puede levantarle el brillo a mi niña, aunque no me quiera ver a mí.
Me dijo que Lulú no estaba bien, pero ya no insistí. Esperé un rato, le llevé el almuerzo a Amelia y la encontré rojita, con los ojos vidriosos. Le toqué la frente: sin duda ya tenía calentura.
Decidí llamar a Lulú una vez más.Y, para mi sorpresa, respondió.
—Lulú… —dije, conteniendo la respiración.
Silencio. Ese tipo de silencio que uno siente hasta en los huesos.
—¿Qué pasa, Daniel? —respondió, con voz baja, ronca, como si hubiera llorado.
—Es Amelia… tiene fiebre. Está muy triste. No quiere comer, no quiere nada.
Del otro lado no se escuchó nada. Ni siquiera el ruido de fondo.
—¿Lulú?
—Ya voy —dijo.
No preguntó nad