★ Amelia
Amanecí temprano, más temprano que los gallos, los relojes y los repartidores de pan. No sé por qué, pero algo en mi pancita me decía que hoy iba a ser un día importante.Salté de la cama como cohete en despegue y fui directo a la habitación de mi papá, lista para cumplir con mi deber sagrado: despertarlo brincando en su panza.
Abrí la puerta de golpe.
—¡Papááááááááááááááááááá! —grité, haciendo mi salto mortal número uno sobre la cama.
Pero…La cama estaba vacía.El lado donde siempre dormía mi papá estaba fríoooooo, como si lo hubieran raptado hacía horas.
—¿Papá? —dije en voz bajita, mirando debajo de la cama por si se había escondido ahí (uno nunca sabe, los adultos hacen cosas raras).
Nada.Ni rastro.
Me paré derecha, con los brazos en jarra, y dije en voz de detective profesional:
—Claramente, los alienígenas lo secuestraron.
Porque, seamos honestos, mi papá nunca se despierta temprano si yo no le salto encima. Jamás. Ni por un terremoto, ni por una invasión zombi, ni porque