★Daniel
Nunca pensé que caminar por la costa con alguien a quien te estás enamorando pudiera ser tan… dramáticamente complicado. Sí, dramático y complicado, y no, no es por las olas, ni por la arena que se mete en los zapatos, ni siquiera por el viento que decide despeinarte como si fueras un espantapájaros enloquecido. No. Era porque Lulú estaba ahí y yo… bueno… yo era básicamente un hombre convertido en gelatina con zapatos mojados.
—Daniel… —dijo de repente, como si hubiera leído todos mis pensamientos torpes—… ¿qué pasó con su mamá?
Ahí estaba la bomba. Esa pregunta directa que te hace sudar hasta los dedos de los pies. Quería responder algo neutral, como “eh, cosas familiares”, pero mis neuronas tenían otros planes: “Di la verdad, Daniel… di la verdad… y si te equivocas, la arena será tu tumba”.
—Eh… las cosas son… complicadas con ella —balbuceé.
Complicadas. Sí, suena elegante, ¿verdad? Mucho mejor que decir: me engañó con otro tipo en mi propia casa y me dijo que Amelia no era