★Lulú
—Abuelita, voy al baño, ¿puedes echarle un ojito a Amelia mientras regreso? —dije, sonriendo, mientras me levantaba del sillón y avanzaba hacia el tocador.
—Claro, Lulú, pero no tardes mucho —respondió ella con voz dulce mientras acomodaba a Amelia en el piso con sus juguetes.
Yo asintiendo con la cabeza, abrí la puerta del baño y me adentré, lista para el momento zen de… ya saben, hacer mis necesidades. Cerré la puerta, suspiré aliviada, y después de unos minutos, decidí mirar el espejo, porque, claro, a quién no le gusta echar un vistazo a su propia cara después de un momento de intimidad…
Y ahí fue cuando me di cuenta. El baño olía raro, no a simple detergente ni a jabón de manos, sino a algo más sofisticado. Miré alrededor y casi me caigo de espaldas. No era el baño de huéspedes. Era el baño de Daniel, mi jefe. Sí, ese Daniel. El de la sonrisa que te hace sudar y pensar cosas que no deberías a plena luz del día.
Mis ojos recorrieron la encimera: cremas, cepillos, un peine qu