★ Daniel
—Lulú, cuidado. Si sigues así, un día vas a confundir al jefe con el desayuno.
¿Escuché esas palabras en mi cabeza, o realmente lo dijo?, no creo que se haya dado cuenta de lo que dijo, pero resonaban como una advertencia.
¡Confundir al jefe con el desayuno! ¿En qué clase de mundo vivía esta chica? ¡Y por qué esa idea me resultaba tan… inquietante!
Sacudí la cabeza, tratando de despejar esos pensamientos absurdos. Tenía una reunión importante en menos de una hora, y no podía permitirme distraerme con las ocurrencias de mi niñera. Pero, ¡ay!, era más fácil decirlo que hacerlo.
Desde que Lulú había llegado a nuestras vidas, todo se había vuelto más… interesante. Su energía, su humor sarcástico y su forma de lidiar con Amelia eran simplemente fascinantes. Y luego estaba esa mirada… esa mirada que me hacía sentir como si estuviera siendo analizado, diseccionado y, lo peor de todo, ¡deseado!
¡Pero basta, Daniel, basta! No puedes permitirte pensar en esas cosas. Lulú es la niñera d