★ Lulú
Me desperté a las tres de la madrugada con un estruendo que hizo que casi saliera volando de la cama. Un golpe, luego otro, y después el sonido inequívoco de algo rompiéndose en la sala.
Mi primera reacción fue lógica: pánico total.
Mi segunda reacción fue todavía más lógica: tomar la escoba como si fuera una espada sagrada.
“Si es un ladrón”, pensé mientras me ponía las pantuflas al revés, “morirá con el poder del trapeador divino”.
Avancé a oscuras, con el corazón latiendo como tambor tribal, lista para defender mi hogar. Pero cuando llegué a la sala, la escena que encontré fue… bueno, digna de un meme.
Ahí estaba mi papá, tambaleándose de un lado a otro como si fuera un péndulo humano. Con una botella vacía en la mano y la otra agarrando el respaldo del sillón como si fuera un salvavidas.
—¿Papá? —pregunté con la voz medio dormida, medio bueno muy enojada—. ¿Qué demonios estás haciendo?
Él levantó la vista con una sonrisa desparramada.
—Hija… mi tesoro… el suelo se mueve.
—N