Esa noche, Royal bajó como de costumbre a la cocina para comer su flan. Con pasos tranquilos y un aire de cansancio, entró a la cocina y se detuvo en seco.
Frente a él, sentada en la mesa, estaba Kisa. Tenía una cuchara en la mano y un flan a medio comer frente a ella. Ambos se quedaron mirándose en silencio, hasta que Royal finalmente frunció el ceño, perplejo.
—¿Qué estás haciendo? ¿Te estás comiendo mi flan? —preguntó, casi acusándola.
Kisa apenas levantó una ceja, sin apartar la mirada de é