La noche descansaba sobre el cementerio, oscura y espesa como una manta de sombras que envolvía las lápidas. Kisa descendió del coche con una perturbación que le impedía siquiera respirar con normalidad. Su corazón latía con violencia dentro de su caja torácica, impulsado por la incertidumbre y el terror de lo que estaba por descubrir. Marshall bajó tras ella, siguiéndola de cerca, aunque su rostro mostraba preocupación. Sabía que Kisa estaba al borde de perder el control.
Las luces parpadeante