A MERCED DEL DINERO. C191: Es ella, ¿verdad?
Al salir del baño, caminó hasta la habitación. Sobre la cama, cuidadosamente dobladas, encontró unas prendas masculinas. Asumió que Marissa las había dejado para él, quizá ya conociendo el ritual. Se vistió sin pensarlo demasiado y luego se dejó caer entre las sábanas. Cerró los ojos un instante, justo cuando Marissa entraba en la habitación y se deslizaba a su lado con naturalidad, encajando su cuerpo contra el de él como si fueran piezas hechas a medida.
—¿Estás muy cansado? —preguntó ella, acomodándose sobre su pecho.
Lucas pensó en responder con la verdad. Estaba agotado, sí, pero no solo físicamente. El agotamiento emocional era mucho más profundo, una especie de cansancio que no se curaba con sueño ni con duchas calientes.
Sin embargo, estar con Marissa era distinto. Ella tenía una forma de hacerlo sentir en paz, incluso cuando todo en su vida parecía un desastre. Por eso, sin pensarlo demasiado, la rodeó con los brazos y le contestó de otra manera.
—Para nada. De hecho, quiero