A MERCED DEL DINERO. C191: Es ella, ¿verdad?
Al salir del baño, caminó hasta la habitación. Sobre la cama, cuidadosamente dobladas, encontró unas prendas masculinas. Asumió que Marissa las había dejado para él, quizá ya conociendo el ritual. Se vistió sin pensarlo demasiado y luego se dejó caer entre las sábanas. Cerró los ojos un instante, justo cuando Marissa entraba en la habitación y se deslizaba a su lado con naturalidad, encajando su cuerpo contra el de él como si fueran piezas hechas a medida.
—¿Estás muy cansado? —preguntó ella, a