A MERCED DEL DINERO. C162: Sanguijuelas.
Mariela entrecerró los párpados, como si tuviera ante sí a una criatura que no comprendía su lugar en el mundo. La rabia no le nublaba el juicio, al contrario, la volvía más punzante. Su voz emergió con una dignidad herida, áspera, envuelta en una serenidad venenosa que solo las mujeres de su clase podían desplegar sin perder una sola gota de elegancia.
—Qué insolente eres —afirmó—. Soy la madre de Richard, y aún así eres capaz de pasar por encima de mí, de su familia, de todo lo que representa