Un dato curioso de mí: Odio el golf. Nunca le he encontrado el atractivo, me parece una actividad soporífera. Así que, debo estar pagando el karma de alguno de mis ancestros para estar perdiendo mi mañana de sábado en un aburrido club de golf. Nada más y nada menos que con mi amado y cuerdo jefe: Damián Goldstein.
—¿No podías enviarle un DM? Ya sabes, cómo la gente usualmente hace para el primer contacto. ¿Eso no era más fácil? — pregunto fastidiada en este carrito de golf que Damián está condu