El aire de la sala de juntas era tan denso que podría cortarse con un cuchillo. La mesa, de madera oscura y pulida, estaba rodeada por los rostros serios y descontentos de los miembros del consejo. Fabio se sentó a la cabecera, sintiendo el peso de cada mirada sobre él. Desde que Cloe había muerto, este era el tipo de reunión que solía terminar en un grito, con él abandonando la sala y dejando a todos con más dudas que respuestas.
La reunión esta ocasión sería en una sala diferente, pero el te