Antonella se reclinó de la silla, estaba exhausta con las correcciones de la tesis.
—Bueno —dijo el tutor—. Ahora si creo que está perfecto.
—Pues, menos mal. Ya estaba que desistía —contestó ella rodeando los ojos.
Él sonrió.
—Disculpa por sacarte de la reunión de tu sobrino.
—No se preocupe.
—Creo que debería compensarte por ello. Además de verte muy hermosa esta noche, creo que merecemos festejar este logro.
Antonella sonrió un tanto incómoda por el halago de su tutor.
—¿Acept