Isabella respiró hondo, intentando calmar su frustración. El comentario de Valeria insinuando aspectos íntimos como pareja, le provocaba un profundo enojo.
Regresó a la habitación de su pequeño, decidida a cumplir la promesa de leerle un cuento. Pero al asomarse, encontró que ya se había dormido. El agotamiento de la fiesta lo había vencido finalmente. Isabella se acercó en silencio, lo cubrió con la cobija hasta el mentón y acomodó un mechón de cabello sobre su frente.
—Descansa, mi amor —s