Durante el almuerzo, Isabella miraba constantemente su teléfono de forma ansiosa. No había obtenido respuestas de Ignacio a sus mensajes.
—¿Te sucede algo Isa? —preguntó la pelinegra a su hermana.
—No, no —balbuceó—. Estoy pendiente de que no se me pase la hora y vaya a llegar tarde.
—¿Quieres que te acompañe?
Antes de que Isabella alcanzara a contestar, Fabián intervino.
—Tienes que ir, prometiste llevarme a comer helados ¿lo olvidaste?
Ambas rieron con el comentario serio del pequeño.
—Claro que lo recuerdo mi amor —dijo acariciándole el rostro—. Iré a arreglarme entonces.
Minutos más tarde, salieron los tres del apartamento y subieron al taxi que esperaba por ellos.
Mientras el coche avanzaba, la ansiedad aumentaba cada vez más en Isabella. Necesitaba saber de Ignacio o su plan se desmoronaría por completo. No podía, simplemente llamarlo e invitarlo a una copa sin tener alguna excusa, eso sería demasiado evidente.
Al otro lado de la ciudad, Ignacio mira