El día de la celebración llegó envuelto en un despliegue impecable. La mansión estaba decorada hasta el último detalle, todo al estilo de Valeria: elegante, ostentoso, calculadamente perfecto. Flores blancas, luces cálidas, copas de cristal y una multitud de invitados que llenaban la casa con risas y murmullos admirativos. Aquello era, sin duda, un escenario digno de ella.
Isabella optó por permanecer en su habitación, entregándose al reposo, desde que Antonella se llevó a Fabián al apartamen