Luego de tomar su café, Ignacio salió a dar una vuelta por la villa, mientras ella regresó a su habitación. Fabián seguía dormido. Aprovechó de ducharse y arreglarse un poco. Se vistió en silencio, tratando de ignorar esa sensación de angustia que le recorría el cuerpo.
Cuando el niño despertó, ella fue a la cocina para prepararle el desayuno. Al entrar a la cocina, lo encontró de nuevo. Él estaba de espaldas hacia ella, preparando el desayuno.
Isabella se quedó inmóvil un instante. Por algún motivo, esa imagen doméstica le resultó demasiado íntima.
—Necesitas ayuda —dijo ella y él volteó a verla con una sonrisa.
—¡No te preocupes! Aunque soy un hombre sé cocinar bien. —respondió él.
Ella carraspeó.
—No lo digo por eso. —replicó— Fabián despertó con hambre y venía a prepararle algo de desayunar.
—En el estante hay cereal y leche, si quieres puedes darle mientras termino de preparar esta tortilla valenciana que me está quedando de maravilla.
—Sí, está bien.
Ella se ace